Por Gladys Sago
“La primera pequeña mentira que se contó en nombre de la verdad, la primera pequeña injusticia que se cometió en nombre de la justicia, la primera minúscula inmoralidad en nombre de la moral, siempre significarán el seguro camino del fin”;sostenía Václav Havel fallecido el 18 de diciembre de 2011. Fue el último presidente de Checoslovaquia y el primer Presidente de la República Checa; un político, escritor y dramaturgo que escribió manifiestos públicos en contra de la censura previa, mientras reclamaba la "discusión abierta" de los problemas económicos y políticos. Tras el fin de su carrera política, por problemas de salud en el 2003, Hável volvió a su actividad de dramaturgo y conferencista.
Ese ánimo de hacer o de no hacer algo con intención determinada, de manera voluntaria y deliberada, si lleva como estigma una intencionalidad sin venir al caso o fuera de tiempo, supone desvirtuar la pretendida esencia del hombre/mujer y no volver a ella, como lo hizo el político checo.
Se llega al Año Nuevo con los ecos de un estallido desde el que las esquirlas salpican a todo el mundo y superan los mejores deseos. Se escuchan sentencias condenatorias, frases ofensivas, manifiestos donde se prejuzga sin preguntar, actos de violencia inexplicables y como si el ámbito común fuera un refugio -como aquellos de la guerra- la funcional coraza de acero fabricada a fuerza de indiferencia y negación, vuelve inoxidables los sentimientos más profundos, los aísla, los aletarga en ese frío del duro metal que no puede servir para albergar la sangre; porque cuando la pasión la puede, se calienta, bulle, apura los latidos y hace palpitar las sienes en consonancia con los riesgos. Todo, para disipar los miedos.
De eso se trata el coraje de vivir. De hacer aflorar la audacia -que no necesariamente se debe convertir en imprudencia-para animarse a ser uno mismo.
Cuando la circunstancia lo requiere, defender una postura, alentar una idea, propiciar una obra de bien o emprender y concretar un deseo propio; contribuyen a construir desde cada gesto y desde cada objetivo compartido, la sociedad que se supone movilizada, amplia de criterios, dispuesta a explayarse en las expectativas de convivencia en crecimiento. Y no la que es capaz de levantarse cada mañana con la lanza en ristre, para clavarla en el pecho del vecino; y después de dejarlo a la intemperie para que todos aplaudan la derrota, expurgar su antipatía al deambular con aires fantasmales en la búsqueda infructuosa de aglutinarse conmovida, para hacer una colecta a beneficio y limpiar la imagen pública. Sin preguntarse siquiera cuantas veces se sentó a conversar con ese vecino o cuantas veces lo escuchó.
La discusión abierta que reclamaba Havel, en Realicó todavía esta implícita en ciertas paradojas. Se nota al observar los rostros de tantas mujeres y hombres de toda edad y en cualquier espacio, que disimulan cuando disfrutan, que se muerden los labios cuando callan, que reprimen la alegría y el dolor en la misma proporción como si el quedar expuestos los volviera mas vulnerables. Por eso se muestran austeros de ademanes cuando quisieran revolear una servilleta en medio del restaurante; o lanzar una furibunda carcajada cuando de verdad tienen ganas de reir.
Con la misma medida deponen la necesidad de contar lo que piensan; la dibujan con rasgos de mentiras, de injusticias, de inmoralidades. No se atreven a retozar en
esa pequeña porción de felicidad traducida en un momento único e irrepetible y la pierden para siempre.
Claro que no es fácil. Será por eso que se suele buscar en los recuerdos(todos selectivos),porque retrotraen a minúsculos instantes tal vez mas ingenuos, risueños y emotivos, pero íntegros en su factura personal. Son experiencias que marcaron una etapa fundamental de la existencia, que se asoman de vez en cuando para obligar a reconocerse sin reprimir sensaciones.
Quien sabe; si se pudieran aglutinar los mojones del camino en el propósito para este Año Nuevo, no importarían tanto las respuestas sino las vivencias que llevaron a tantos interrogantes. En la mirada retrospectiva aparecerán amores, vientos y noches templadas, afectos, alguna arruga mas, promesas y desaires, excusas y deseos no cumplidos. Amigos perdidos y otros recobrados. Y la palabra como lazo inevitable para el encuentro, para el contacto, para la oración y el pensamiento.
Sobre todo, a medianoche, habrá que poner dignidad en el brindis; no esperar a estar un tanto obnubilados por los efluvios etílicos, para elevar la copa con el íntimo compromiso de aferrarse al todo o nada de una vida que si es plena, hasta hará olvidar su finitud.
Felíz Año Nuevo.