Puede ser que en una fecha donde por tradición prevalecen las cuestiones del espíritu, donde la religiosidad (tan perdida en la practica vivencial) se entrelaza con otras filosofias, aflore más de lo habitual, la necesidad de cultivar habilidades que remitan al prójimo; a definir valores y a aumentar la sensación de querer lograr un mayor sentimiento de individualidad y seguridad.
Tal vez la búsqueda conlleve una extraña percepción de la finitud, de que el supuesto poder terreno-ejercido en cualquiera de los ámbitos donde se interrelaciona la sociedad, con el consabido reconocimiento mediante la acumulación de posesiones- no genere mas felicidad que la que otorgan las cosas simples y profundamente sentidas. Sin embargo, también es posible que esa energía vital que se devela después de la Nochebuena, con el Renacer, inste a liberarse de las obligaciones ligadas al patrimonio y a la propiedad (aunque sea por ese lapso de íntima retrospección coronado por un brindis pagano) y devele mucho del misterio de los hombres y mujeres, que a traves del tiempo definieron la historia de la Humanidad.
Es un buen pretexto la Navidad para hacer una pausa mental. Justa y oportuna para que los efluvios veraniegos, plagados de brotes y flores envuelvan el complicado devenir cotidiano, con una cadencia que parezca el arrullo natal. En la crítica circunstancia donde impera la violencia de los que ignoran que un pueblo vibra cuando no se detiene en su derrotero; se quebranta y se vulnera el ritmo interno porque el caos y la confusión llevan a perder la perspectiva local y el espejo devuelve otros rostros, otras consignas, otros parámetros que recorren frenéticos en imágenes ajenas que se graban en la retina.
Bastaría, acaso, mirar en derredor. Reflexionar sobre la paz y la tranquilidad; evitar la confusión y no perder la memoria. Cuanto de dolor y desasosiego se evitaría si se hace un ejercicio de la memoria;si se le reconoce al vecino su parte en el accionar conjunto; si los buenos deseos no se dicen de manera mecánica como una formalidad social y se proyectan en las aspiraciones mutuas(que las hay mas de lo que se cree). Los rituales invitan a reconocer la fecha. Y no esta mal.
Pero hace falta sentirse parte del circuito de esos anhelos postergados. Ser capaces de deponer los egos para estimular la esencia de un núcleo humano cambiante, diferente, particular, con virtudes y defectos-como corresponde-que apura en las palabras y con sus gestos, propone un momento efímero en la acción.
Será un complejo el que subordina los deseos a los logros?
Será una antigua costumbre de explotar de entusiasmo para desinflarse al poco tiempo?
Será la idea de creerse superados mientras se exterioriza lo intrascendente, lo superfluo y lo banal; cuando el corazón late por trascender; el cuerpo clama por un abrazo y la mirada busca afanosamente la compasión y la sonrisa franca.
Realicó parece sentir que no se merece lo mejor. Pero se enoja, protesta, critica.
Es tiempo de Paz, tambien.
Pero hay que descubrirla; porque es la fuerza más poderosa que da fortaleza y revierte la re-acción en pro-acción, esa que produce regocijo en el alma y otorga capacidad de amar ,de querer y de creer.
Por eso cabe a todos- a los creyentes, a los agnósticos, a los ateos-reflexionar y aplicar los resultados.
Y desear con la potencia de una voz sin miedos
¡ Lo mejor! para esta
Navidad