“Realicó, la población más septentrional de La Pampa, centro cortado en cruz por los ferrocarriles del Pacífico y del Oeste, esta destinado a ser de una importancia excepcional, una vez que se subdivida la tierra circunvecina. Sus prolegómenos fueron como la mayor parte de los pueblos pampeanos, erizados de dificultades.
El pueblo tiene diez años de vida y ya es un centro primoroso, sin la posibilidad de Pico, pero con muy brillantes perspectivas.Se fundo el 2 de marzo de 1907. La colonización de sus chacras vecinas data de 1903. Se ha seguido,pues, en este sistema de poblaciòn, el orden correcto;primero los años de prueba, los cultivos, es decir el ensayo sobre los medios de vida de que dispone la comarca;después, la fundaciòn del centro urbano.
Había en los comienzos de esta colonización un arraigado pesimismo que fue menester destruir poco a poco.(…)Habia una especie de terror a una planta silvestre llamada alpataco,de corto tallo,que se difunde en raíces duras y que rompe las rejas del arado. A esta mala cizaña, se unía el olivillo y el tupa, enseñoreado tambien de las praderas.(…)Después los mas tenaces, echaron de ver que las tierras eran de excelente calidad.El alpataco, con su raigambre infernal, sirvio de combustible, descuajado a fuerza de hacha, después de arar. Y cosa rara, resulto que las tierras de alpataco fueron las más aptas para los cultivos de las gramineas. Fueron precursores del éxito agrícola de Realicó los progresistas vecinos y colonos Maisonnave, Aiassa, Mullally,(Acosta)Pereira ,Farina,Rosa y otros”.
Estas palabras sobre el destino de grandeza de Realicó,parciales desde el vamos con la polarizacion sempiterna de La Pampa que(ya)lo señalaba sin la posibilidad de Pico,pertenecen al libro “La Pampa”de W. Jaime Molins editado en Buenos Aires en 1918.
Si en aquella primera decada fundacional ya se mencionaba el arraigado pesimismo, porque la tosca, la arena, la escasez de pasto y la irregularidad de las lluvias eran factores negativos que impedian la llegada de agricultores santafecinos y del sur de Cordoba, mientras se desconocia el verdadero valor de la tierra;la cizaña, enraizada con forma de alpataco,perduró por decadas en discusiones bizantinas para definir con subjetiva certeza, el bien y el mal. Inapelable, la opinión negativa se cierne sobre cada acciòn institucional, sobre cada obra pública, sobre infinidad de logros personales, sobre los gestos que deberían construir a diario la convivencia;desde una concepción vulgar del argumento que se esgrime.
Esa absurda idea de pueblo conlleva una alta dosis de complejos. Porque la ignorancia con soberbia, no permite reconocer el saber del otro y mucho menos capitalizarlo para bien de todos(aunque la analogía remita al Martin Fierro, tan repetido en la escuela y sin aplicación en la práctica).
Pero la que realmente daña,porque es ejemplo cotidiano, es la ignorancia sin dignidad. Investirse de cualquier supuesta toga, implica honrarla;no claudicar en el intento de hacer conocer y reconocerse, con la referencia obligada a los predecesores, sin quedar ridículamente expuestos a cualquier archivo o atisbo de memoria,cuando la actitud cuasi heroica aflora para dejar un legado institucional (oficial o intermedio), sin advertir que tiene tantos antecedentes que la gradilocuencia del anuncio o el discurso con la seriedad del caso, mueven a risa. Cuando la risa pone en alerta,se agazapa la infamia. Y en ese descrédito hacia el
otro, se pierde la alegria de compartir,para reconvertirse de vecino en verdugo que hacha si piedad la propia vida,porque si se tiene un sitio comun, códigos iguales, costumbre similares y hasta olores reconocibles, todo(nos)es propio.
Sumergidos en su micromundo,quienes deberían atender cada uno de los sucesos, para no quedar en evidencia, se dejan embaucar a sabiendas para”proteger y salvaguardar” el ámbito en que se mueven y callan.Lo pero es que callan.
El terror a la planta silvestre de entonces,dejo paso al espejo mediático que hace perder la perspectiva local. Basta andar un poco por las calles para recobrar-sin nostalgia-aquella otra vida que delineó esto que somos. Los”gringos”y los gallegos” recuperan con gran,infinito esfuerzo sus sedes sociales; parece que(por fin) habra fondos para reconstruir el viejo Correo; los centros privados de salud “salvan”casi en sentido literal las falencias profundas de la otrora magnifica “salud pública” (hay que acordarse cuando la sola imagen de la enfermera con su dedo índice en la boca llamaba a silencio en el hospital,en ansiosa espera de la vacuna o el pinchazo, cuando hoy la sangre y la orina deben viajar a Pico-otra vez Pico, por algo lo decia Molins- para ser analizadas,porque aquí no se hace y el nombre legendario de
Josefina de Mattiazo resulta mas que una calle, porque fue la que ayudaba a parir sin que la sirena de la ambulancia anunciara que aca”no podemos hacerlo”);y alguien cobra dinero oficial por dar clases a casi nadie.
Hay muchas mas calles por recorrer, para recordar,pero sobre todo para comenzar a reflexionar. En una búsqueda constante que confluya en el deseo de amparar y defender este trozo de terruño entristecido, para resguardarlo de los prejuicios,con una indómita proyección que revierta el alpataco en simiente florecida. Ahondar, desempolvar lo soterrado, puede ser un buen comienzo.