Desidia, distracción, desarraigo afectivo. Cualquiera de esas palabras podrían definir una circunstancia que se reitera de manera sistemática y a quien a nadie parece afectar. Son los constantes agravios a la memoria de seres queridos por los vecinos de Realicó, con los consecuentes robos que se suceden en el cementerio.
Por supuesto que estar muerto exime del reclamo, pero no de la reverencia de lo que fue la presencia terrena. Y si en algun momento, la falta de control llevaba a desatinos que incluían la venta de esqueletos(o parte de ellos),de terrenos(por no tener el catastro definido) y demas (como objetos de oro, bronces)en la actualidad, que el personal cumpla su horario de trabajo hasta el mediodía, sin que nadie recorra ese espacio en horas de la tarde-salvo cuando hay un sepelio- no alcanza para que se puedan prevenir esas escaladas perversas o delictivas que se agregan a ciertos rituales que conmocionan.
Recorridos de inspectores comunitarios o el pago de adicionales a policias, ademas de algunas horas extras a los empleados municipales -todos con funciones en horarios dispares- podrían servir como alerta a quienes tratan de aprovechar esa soledad lejana al pueblo y evitar esos desmanes.
Produce emoción (violenta)un hecho de esa envergadura y una rara sensación de melancolía que libera, sin lograr el olvido. Esa afrenta se debe pagar. Pero son los necios los que lo impiden porque todo lo miden con las consecuencias de un presente impávido, que no reacciona, que no se juega, que no reclama, como si la nada final ya estuviera digerida de antemano, sin advertir con esos gestos fatuos, que desprecian sus raíces.
Y si”el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes”,no le compete solamente al intendente, ni a los concejales ni al juez ni a la policía hacer cumplir las reglas establecidas de una buena convivencia, aún cuando tengan el mandato; le corresponde a cada uno de los habitantes de la localidad, hacer la denuncia, avisar, pedir, obligar a que se cumpla la normativa. Pero tambien hacerse cargo de que si alguien vende es porque hay un comprador; si alguien usufructúa o malogra un bien comun, es porque hay otro que lo aprovecha.
Se debería entender que para honrar a los muertos, primero hay que respetar a los vivos. Es en cada actitud, pública o particular-no privada, que es una consigna constitucional inalienable de todo ciudadano-cuando se debería poner de manifiesto cierta honra (palabra desactualizada, si las hay)donde prevalezcan la dignidad, el mérito y sobre todo el aprecio por quien los estimula para su propia existencia.
Cómo se va a cuidar el cementerio, si algunas almas en pena (vivitas y coleando) merodean con total desparpajo por lugares donde confluye gente en Realicó y siembran dudas, buscan que los demás opten por el silencio ante la confusión, mientras tratan de cooptar a los ingenuos que transmiten sin querer el mensaje. Ese objetivo cumplido, tal vez los haga regodearse para conjurar la frustración, cuando todos, absolutamente todos deberíamos agradecer que se pueda votar otra vez.
Nunca más evidente que en los días postelectorales, la dosis de vanidad infundada y ridícula que ostentan los que desde pueblerinas usinas de rumores, lanzan datos que afirman como seguros y producen turbulencia en la sociedad. Sin cargos
electivos logrados algunos, sin siquiera haber participado en la campaña de ninguna agrupación, otros, tratan de generar situaciones adversas para minar el breve camino que falta para el 10 de diciembre. Una fecha que merece celebrarse por la continuidad democrática.
Claro que el descontento es válido. Por supuesto que es mucho mejor ganar que perder. Añadir confusión a una instancia republicana –mas alla de las siempre presentes chicanas,”trenzas”o acuerdos solapados, previos al cuarto oscuro-habla de una pobreza de espíritu que si emana desde la oposición, podría ser entendible; pero cuando surge desde las propias filas internas(en este caso del oficialismo ganador) producen mucha desazón y una pregunta obligada:¿hasta cuándo?. Según algunos trascendidos, la respuesta la tienen quienes intentan boicotear algunas investiduras ganadas por el voto popular y evitar eventualmente, que asuman. Habituados a esos enroques son capaces de postergar hasta los anhelos mas profundos como realiquenses, en pos de cumplir con antiguos mandatos, que les han quitado sin darse ellos cuenta, su propio vigor.Son las reglas del juego, sostendrán los militantes de siempre. Repican todavía los resultados, dirán otros.
A nadie se le ocurrió todavía hacer un mea culpa?;tratar de entender que el pueblo vota de acuerdo a sus intimas convicciones, pero hace primar sobre todo cierta estabilidad económica, otro tanto de tranquilidad en un contexto mundial que (todavía)no afecto de lleno al país y mas que nada, por varias medidas sociales que lograron paliar situaciones extremas de la población de menores recursos.
Si dirigentes, autoridades electas y futuros postulantes no toman conciencia que en Realicó (como referencia provincial y nacional) los votos en blanco salieron terceros -cuando hubo tres listas de candidatos- o hacen aflorar su espíritu crítico y lo aplican o tendran que estudiar otra vez el primer postulado:”La politica es el arte de lo posible”(es decir, de saber Hacer). Y hacedores no detractores, son los que hacen falta.