Por Luis M. González - Hice un ejercicio periodístico realmente insalubre. Traté de ponerme en los zapatos de algunos periodistas y voceros adherentes a las tragedias, las caras largas y el todo-negativo, que intentan involucrarnos en lo mas parecido a un ataque de nervios y meternos como ovejas en sus ya inocultables intereses empresarios y campañas mediáticas.
Con la vista puesta en mi objetivo, cargué mi teclado del mayor pesimismo posible con la intención de analizar lo ocurrido en las elecciones ya pasadas y las repercusiones de las mismas.
Recorté y armé un retrato. Llevé hacia mi interior un trago amargo luego del beso a la foto de "San Magnetto", ser al que idolatran los comunicadores que quería emular (no solo nacionales, también los hay locales), pero era necesario hacerlo para contagiarme aún mas de esa actitud constantemente beligerante.
Pero confieso que, tal como suponía, no sirvo para eso (si es que para algo sirvo en realidad desde lo periodístico).
Perdonen, pero no puedo dejar de decir que intenté reprimir la alegría del domingo y no pude.
No pude escribir yo frases y títulos tales como "¿Hacia dónde se va a profundizar el modelo? ¿Hacia cosas razonables o hacia un Estado comunista?" que expresó en TN Marcelo Bonelli.
Yo no pude evitar mi felicidad ante un nuevo acto de la Democracia, que tanto costó conseguir.
Gane quien gane, pudimos elegir a nuestros representantes.
Sin dudas que deberán profundizarse muchas cuestiones inherentes a la vida Democrática.
Pero si hablo de profundizar, refiero a que uno profundiza cuando por lo menos empezó, comenzó, arrancó, con medidas que realmente había que tomar luego de un país en llamas, con la bandera de remate a punto de ser colocada por los buitres con los que transamos toda la vida.
Porque realmente no pude buscar excusas para decir que el país creció, nacional e internacionalmente. No supe como mentir descaradamente para decir lo contrario.
No pude evitar la alegría por que estamos en Democracia, podemos votar y elegir. Pero además, por mas dolor que me hayan generado algunas expresiones, al analizar que toda persona hoy tiene derecho de decir lo que quiera, sin tapujos, sin vendas en la boca, volvía a hacerme sonreír de felicidad.
Perdonen.
Intenté decir atrocidades tales como "los que ganaron lo hicieron por el voto de los negros vagos, de los mantenidos por nosotros, que pagamos los impuestos".
Pero no pude.
Me pareció de tilingo decir eso, poniéndome entonces en una especie de ser superior si es que pago todos los impuestos (cosa que en realidad no creo que hagamos el 99% de los que decimos eso, si es que lo decimos) o en el premio Nobel del pico y la pala si es que en algo trabajo.
Porque creo que quienes así hablan se olvidan que todos los habitantes de la Argentina reciben ayuda del Estado en la educación pública, la salud pública, todos pagamos el IVA a través de los alimentos, todos votamos por conveniencia, todos votamos a quienes creemos que nos puede beneficiar, en algo para vivir mejor.
"Ganaron en las provincias mas pobres" quise yo también decir.
Pero me dio tanta vergüenza esa aseveración leída y escuchada, que repetirla me pareció mucho, me pareció cruel.
Perdonden pero no pude.
Porque quienes ganaron lo hicieron en todas las provincias por igual, porcentaje mayor o menor de por medio. Lo hicieron por diferencias históricas y arrasaron en todos los estratos sociales, capas sociales que son responsables en igual medida todas, de los aciertos y la cagadas que hemos hecho en nuestro querido país.
Quise denostar la Asignación Universal por Hijo, los Juicios a los asesinos de la Dictadura, quise putear como ellos hicieron a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, quise demonizar a aquellos excluídos sociales que hoy reciben una pequeña ayuda y que son denostados, insultados y discriminados de manera constante por los medios que hablan de que votan por "el choripán y la coca". Como si otros no votaran por la ayuda en la limpieza de deudas millonarias que hizo el hoy deteriorado políticamente Eduardo Duhalde, o por deseos de que vuelvan las AFJP, o porque eliminen las retenciones, o por los subsidios agropecuarios que han recibido o dejado de recibir.
Todos votamos por las conveniencias personales que nos parecen importantes. ¿Y está mal?.
Busqué la manera de criticar el crecimiento en producción, turismo, ciencia, trabajo, Ley de Medios, jubilaciones, etc.
Quise hablar de tolerancia y transparencia. O de justicia. Como ellos que seguro han hablado de Papel Prensa y su sangrienta historia.
O como algún dirigente local que habla de "vidas truchas" al referirse a quien piensa distinto, aún sabiendo que si alguien quisiese sobre él abrir la boca, cosa que no es necesario, no quedaría muy bien parado.
Quise hacerlo, pero no pude, no sirvo para esto, por eso decidí decirlo claramente.
No puedo vivir caracúlico, como que la vida me pesa, porque no es así.
Estoy felíz de vivir en una Argentina donde mis hijos puedan escuchar hablar de política y no pensar que aquel que no piensa igual a ellos es un enemigo, sino que es un amigo que solo piensa distinto, con razones y aciertos.
No pude verlos como estúpidos, ni mantenidos, ni vagos, ni hijos de puta, ni truchos, ni nada por el estilo.
Solo pensé que algo se están perdiendo para un análisis complejo, contundente.
Sin sentirme mal digo, yo no pude.
Sin jactarme de quienes pueden y lo hacen diariamente.
Sin dejar de reconocer que hay mucho por hacer todavía y por cambiar.
PERO DEBO REITERAR, AFORTUNADAMENTE NO PUDE Y PIDO DISCULPAS POR ESO.