Por Luis Matías González - Hay dos palabras que me salen en este momento, luego de conocida la noticia sobre la aparición sin vida de la pequeña Candela.
Una es DOLOR, sin dudas. Parte el alma saber lo que ocurrió con esta pequeña de 11 años.
Sin ahondar en ningún detalle morboso (en los que muchas veces tiene que inmiscuírse la información, sin dudas), es terriblemente doloroso ahora tener la certeza de que no existen esperanzas sobre poder ver a la niña con vida, a pesar de los esfuerzos de mucha gente y de prestigiosas instituciones.
Luego de (esperemos) el esfuerzo policial y político también, ya que hasta que no me demuestren lo contrario, no podría ser tan cínico en expresar lo contrario.
Pero la otra palabra es PRUDENCIA.
En todos nosotros.
En aquellos que informamos o pretendemos hacerlo, pero también en aquellos que podemos expresar alguna opinión apresurada sobre un caso en el que, desgraciadamente, terriblemente, hay una nena muerta en el medio.
Nada más y nada menos.
Nada tan trágico y tremendo.
Pero debemos ser prudentes y veo y leo que muchos no lo están siendo.
Ya muchos hablan de inseguridad, ya muchos comienzan a echar culpas, ya muchos dan por ciertas las hipótesis.
Incluso muchos dan por ciertos datos sacados vaya a saber uno de qué fuentes.
Y es que no debemos irnos tan lejos para testear lo que pasa cuando solo abrimos la boca para llenar espacios.
El ejemplo está en el hecho ocurrido en Ayacucho, hace un par de semanas, donde se incendiaron edificios, muchas personas corrieron el riesgo de ser lapidadas por enardecidos vecinos y luego la investigación demostró que nada de lo que se había dicho era cierto.
Que nada de lo que se había reproducido, vomitado de manera inescrupulosa, era verdad.
En este caso, es increíble que se deba pedir por favor, pero debemos ser prudentes.
Los medios ya hablan de responsabilidades políticas.
Otros hablan de responsabilidades de los padres.
Otros relacionan el caso con la trata de personas.
¿Con qué pruebas?.
Por favor.
Por respeto, sigámos como medios la información, pero hagámoslo con profesionalismo, con responsabilidad.
Con decencia.
De esta manera, además, lograremos que sean los verdaderos responsables los que aparezcan, los que paguen por semejante acto, por semejante salvajismo.
No me atrevo a decir nada más.
Es todo demasiado penoso.
DOLOR y PRUDENCIA, dos palabras,
Sumo una más, que no resulta poco, JUSTICIA.