Su nombre-apodo ha sido escuchado en teatros de numerosos países. Así, supieron de su existencia tanto en el Olympia de París como en el Insurgentes de México, el de la Zarzuela de Madrid o el Carnegie Hall de Nueva York, entre decenas de famosos escenarios del mundo.
Alberto Cortez lo paseó por ellos durante tres décadas, aunque no necesariamente quienes lo escuchaban supieran su historia. Escribió la canción luego de recibir en Madrid una carta de su madre en la que le decía, palabras más, palabras menos: “a la vejez viruela, el Goyo es papá”.
Goyo era amigo de la familia García, en Rancul. Frecuentaba la casa de don José y Ana, los padres de Alberto, cuando éste todavía era José Alberto García, y más de una vez compartía con el futuro artista horas de entretenimiento y charlas de las que ‘Chiquito’ reconoció, años después, haber aprendido muchas cosas a partir de los más de diez años que le llevaba su amigo.
En Rancul todos sabían que era Goyo Battagini. Algunos, menos, sabían que su nombre era Narciso. Pero en gran parte del mundo de habla hispana “conocieron” sólo a Goyo. Alberto Cortez escribió su ya clásica canción cuando nació el primer hijo de su amigo, seguramente sin sospechar que se convertiría en uno de los mayores éxitos de su carrera y que arrancaría el aplauso de miles de personas a poco de comenzar a sonar sus primeros compases en cualquier escenario, en el país que fuere.
Ayer, Narciso Battagini, el Goyo, murió a los 82 años de edad en una clínica de Realicó, donde estaba internado.
La próxima gira de Alberto Cortez comenzará el 11 de septiembre en el Teatro Paralel de Barcelona. Es posible que esa noche, cuando cante -como ocurre casi inevitablemente- ‘Qué maravilla, Goyo’, su garganta esté un poco más áspera que de costumbre.